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viernes, 22 de noviembre de 2013

Thai Elephant Restaurant (Restábal)

Hemos hecho caso a la recomendación de uno de nuestros seguidores y el domingo pasado estuvimos en Thai Elephant, un restaurante tailandés en pleno Valle de Lecrín, en el pueblo de Restábal. A pesar de que la temperatura no era muy alta, fue un día soleado, y el trayecto desde Granada resulta muy agradable. El valle en esta época está repleto de naranjos cargados de frutos, que dan mucho color al paisaje.

Para llegar, seguimos las instrucciones que indican en su página de facebook, pero os recomendamos no hacerles mucho caso, ya que os podéis complicar bastante. Lo más fácil es ir por la autovía hasta la salida de Valle-Lecrín y luego seguir todas las indicaciones que llevan hasta Restábal, atravesando el pueblo, dirección Pinos del Valle y casi al final, detrás de una curva, encontraréis el cartel del restaurante, que estádentro del Cortijo “La Marjala”, y a unos metros, un parking enorme donde dejar el coche.

La bienvenida nos la da un gran elefante de barro, que ya te empieza a meter en el ambiente, que se intensifica al entrar en el restaurante, por el olor a incienso.

El sitio es pequeño, pero muy acogedor, sólo unas 7-8 mesas en el comedor, más un par de mesas en la entrada. De hecho, si no hubiéramos reservado, casi nos quedamos sin comer allí, ya que poco después de llegar, sobre las 14.30h., se ocuparon todas. El comedor tiene unos ventanales con unas bonitas vistas al valle. El único inconveniente es que hace un pelín de frio, porque sólo tienen una pequeña chimenea en una de las esquinas, que no es suficiente para caldear todo el restaurante y el baño está fuera, tienes que salir a la calle, y en estas fechas, como tengas que esperar, puedes terminar congelado.

En la cocina, tres personas de origen tailandés, aunque precisamente ese día, nos dicen que sólo hay dos y que por eso tardan un poquito más de la cuenta. En este sentido, no hemos tenido ninguna queja, no tuvimos sensación de espera, todo se sirvió en su momento.
El camarero es un chico muy joven y presumimos que de la zona, por el acento más bien, bueno, y porque no tiene rasgos asiáticos. Es un joven  agradable y muy atento.

Si pedid una cerveza, tened en cuenta que sólo tienen tercios (Estrella Damm). Nos da la carta (al principio creíamos que era la de vinos, porque la carpeta que la contiene es de Marqués de Cáceres…jjj). Para la espera, pan de gambas, cortesía de la casa.
Tienen una carta correcta, un poquito de todo (carne, pescado, verduras). Por suerte o por desgracia, esta es nuestra primera experiencia tailandesa, aunque en Londres comimos en uno de los puestos callejeros de Camden,pero esa vez no la contamos.

Decidimos tener en cuenta los platos en los que se indica “recomendado” y elegimos unos ENTRANTES VARIADOS: Pastelillos de pescado, pinchitosde pollo y de gambas y rollito de lechuga relleno de carne picada de cerdo, acompañados de una salsa agridulce y otra de cacahuete. Aunque nos gustó, esperábamos sabores más potentes, tanto los entrantes como las salsas eran suaves, pero como hemos dicho, no tenemos ninguna referencia de cocina tailandesa.


Como plato principal escogemos uno de cada rango, es decir, un PHAT TAI DE GAMBAS: Tallarines de arroz de cacahuete y verduras, unWOK DE TERNERA con verduras acompañado de una salsa Prix-Picante y como siempre he querido probar el CURRY VERDE, nos pedimos uno con pollo. Todos los platos van acompañados de arroz jazmín. El wok y el phat tai están bastante buenos, pero como ya dijimos antes, sin sabores demasiado intensos. En cuanto al curry, que era el plato que estábamos deseando probar, al meter la cuchara en el curry….,upsss!!!! Nos llevamos una desagradable sorpresa y es que apareció un pelo. Con discreción, llamamos al camarero y le pedimos que por favor nos cambiara el plato. La cara del muchacho se puso de todos los colores y a partir de ahí, cada vez que lo llamábamos para algo, se le caían lo sudores. Nos quedamos con todas las ganas de probarlo, pero ya no nos arriesgamos a pedirlo otra vez y cambiamos a un curry de pato, del que debemos decir que nos gustó bastante, posiblemente el que más, quizás porque estaba más especiado y se acercaba más a nuestras expectativas sobre este tipo de comida.

 
Y de postre, pedimos rambután, una fruta típica de allí, parecida al lichi (China), pero más grande, que iba acompañada de helado y una mousse de mango y menta. Los dos platos estaban muy buenos, pero si os pedís los dos postres, os aconsejamos comer antes la mousse, si no,  no apreciaréis tanto el sabor.

En general, todo está bastante bueno, aunque como ya hemos comentado, esperábamos encontrar sabores más fuertes, con más especias,…. Tendréis que recomendarnos algún otro para comprobarlo o escribidnos vuestros propios comentarios al respecto.

De precio, unos 20-25 por persona, haciendo hincapié en el postre, que nos pareció caro (6,00€), así que si os lo saltáis,  es bastante asequible.

A pesar del problema capilar, del que el camarero no paró de disculparse, no es un mal lugar para ir de vez en cuando, pero eso sí, un día bueno.


martes, 5 de noviembre de 2013

Mesón El Granero (Armilla)


Fuimos al Granero (no confundir con el pub del centro) por recomendación de Enrique Zambrano. Nos costó encontrarlo (Parque Tecnológico de la Salud)  y además hacia un día de perros. Llovía a cantaros. No recuerdo si reservamos o no pero las veces que hemos ido después no lo hemos hecho y no hemos tenido problema. Igual si vais un grupo grande si es aconsejable hacerlo.


El restaurante en invierno es muy acogedor ya que tiene una gran chimenea que caldea bastante el comedor, con mesas y sillas de madera robusta y toda su decoración sobria y seria. Hace que el restaurante tenga un toque muy hogareño.

Normalmente hay un par de chicos en la barra y el personal de cocina. Tras pedirte la bebida, el jefe de cocina, un chico joven e inquieto, que le da al lugar una nota chispeante, sale a tu encuentro para comentarte la carta. Nos gusto mucho este detalle porque aparte de sugerirte lo que tiene del día, te explica en qué consiste cada plato de manera minuciosa.

Todos los platos están cuidadosamente elaborados y aunque entiendes que cuando te ponen un buen plato hay que pagarlo, de vez en cuando hay que darse un capricho. Nosotros siempre hemos pedido carne y la calidad es muy buena. Personalmente nos sobran algunas guarniciones de frutas, pero cabe decir, que esto le da más presencia y color al plato.

La terraza de verano es tan agradable que es imposible tomarse solo una consumición y no hay que menospreciar a las tapas que las acompañan. Sin duda es un sitio al que ir tranquilo y relajarse en compañía de amigos o de la familia.


Sin duda volveremos.

domingo, 20 de octubre de 2013

El Olivo de Miguel y Celia (Castillo de Tajarja)


El otro día buscando sitios nuevos a los que ir me acorde que hace unos años me comentaron un restaurante que estaba muy bien de camino a Loja. Rebuscando un poco en la memoria  acabe recordando que estaba cerca de algún castillo o eso creía yo y me puse manos a la obra en internet. 

Enseguida salieron a la luz multitud de referencias a Castillo de Tajarja y sobre todo a un establecimiento que según leía tenia muy buenas criticas. Nos decidimos probar suerte como siempre pasa en estos casos cuando es la primera vez que vas.

De camino, como es natural en nosotros, nos perdimos un poquitín, pero como íbamos con tiempo el paseo se hizo muy agradable. Por fin encontramos el pueblo, que al ser las 14:30 de la tarde y con un sol de justicia estaba desértico. Donde nos hemos metido¡¡¡

En cuanto llegas al pueblo encuentras señalizaciones de cómo ir al “Olivo” por todos lados, así que allí que vamos. En seguida sabes que has llegado a tu destino  cuando ves una casita de pueblo  tal que así:


Ya en su puerta solo vemos un atril con la carta de platos manuscrita, dentro se oye un tenue murmullo pero como no vemos a nadie mas por allí decidimos abrir la puerta. Entramos y seguimos sin ver nada, solo un pasillo con algunas fotos, suponemos de los dueños, con caras bastante conocidas del mundo del artisteo.

En cuanto recorres el corto pasillo te encuentras una barra donde esta una señora que te pregunta si tienes reserva y después de comprobarlo te invita a su salón, literalmente, porque el comedor es eso, un comedor decorado al estilo francés ( no me hagáis mucho caso porque no entiendo nada de decoración, pero es lo que me sugiere), tiene unas 8 o 9 mesas.

Esta lleno, y por lo que intuimos por el colegueo con el camarero y la señora, por gente que ya ha ido otras veces. El camarero, por cierto,  hiperactivo, moviéndose por el salón cual lagartijilla.

En la mesa lo único que tienes delante es una torre de 7 u 8 platos. No entendemos esta presentación.

Al minuto de sentarnos aparece en escena el señor Miguel con su imponente gorro de cocinero y su impecable chaquetilla blanca. Un señor con bastante personalidad, si vais  por allí, ya nos lo decís.
Se acerca a nuestra mesa con una libretilla en mano y se sienta a nuestro lado.

- “Buenas tardes” nos dice. 
- “Buenas tardes” respondemos.
- Que les apetece comer?
- Hummm, no sabemos lo que tiene porque nadie nos ha facilitado ninguna carta.
- Muy bien, díganme si hay algo que no les guste, nos dice el Chef.
- Únicamente le decimos  que cualquier cosa de casquería y nos dice que no nos preocupemos.

Empieza a anotar en su bloc: empezaremos con un foie casero, seguido de una pasta con setas, guiso de alubias, berenjenas con queso, confit de pato… madre mía¡¡¡….. y seguía anotando. Y anotando…

Nosotros no lo paramos tampoco, pero nos tranquiliza diciéndonos que si en algún momento queremos parar de comer, deja de servir y solo nos cobrará lo que hayamos tomado.

Ahora entendemos esa torre de platos que te encuentras nada mas sentarte, te van bajando el nivel a medida que te sirven.

Al final, a punto de reventar, pedimos un postre para compartir solo por saber que nos iban a ofrecer y una vez mas, acertamos con una tartita de chocolate totalmente casera, al igual que el café que es servido en las cafeteras de toda la vida. Nos encanto ese toque.

Comida francesa 100% al estilo del Don Miguel, por supuesto. Lugar curioso sin duda. Nada caro por cierto. Nosotros nos pedimos una botella de Protos que fue lo que subió la cuenta pero como en cualquier otro restaurante.

Aunque en todas las mesas vimos los mismos platos que nos pusieron a nosotros, tenemos la intención de repetir mas adelante para ver si nos ofrecen otros suculentos manjares.