Hemos
hecho caso a la recomendación de uno de nuestros seguidores y el domingo pasado
estuvimos en Thai Elephant, un restaurante tailandés en pleno Valle de
Lecrín, en el pueblo de Restábal. A pesar de que la temperatura no era muy
alta, fue un día soleado, y el trayecto desde Granada resulta muy agradable. El
valle en esta época está repleto de naranjos cargados de frutos, que dan mucho color
al paisaje.
Para
llegar, seguimos las instrucciones que indican en su página de facebook, pero
os recomendamos no hacerles mucho caso, ya que os podéis complicar bastante. Lo
más fácil es ir por la autovía hasta la salida de Valle-Lecrín y luego seguir
todas las indicaciones que llevan hasta Restábal, atravesando el pueblo,
dirección Pinos del Valle y casi al final, detrás de una curva, encontraréis el
cartel del restaurante, que estádentro del Cortijo “La Marjala”, y a unos
metros, un parking enorme donde dejar el coche.
La
bienvenida nos la da un gran elefante de barro, que ya te empieza a meter en el
ambiente, que se intensifica al entrar en el restaurante, por el olor a
incienso.

El
sitio es pequeño, pero muy acogedor, sólo unas 7-8 mesas en el comedor, más un
par de mesas en la entrada. De hecho, si no hubiéramos reservado, casi nos
quedamos sin comer allí, ya que poco después de llegar, sobre las 14.30h., se
ocuparon todas. El comedor tiene unos ventanales con unas bonitas vistas al
valle. El único inconveniente es que hace un pelín de frio, porque sólo tienen
una pequeña chimenea en una de las esquinas, que no es suficiente para caldear
todo el restaurante y el baño está fuera, tienes que salir a la calle, y en
estas fechas, como tengas que esperar, puedes terminar congelado.
En
la cocina, tres personas de origen tailandés, aunque precisamente ese día, nos
dicen que sólo hay dos y que por eso tardan un poquito más de la cuenta. En
este sentido, no hemos tenido ninguna queja, no tuvimos sensación de espera,
todo se sirvió en su momento.
El
camarero es un chico muy joven y presumimos que de la zona, por el acento más
bien, bueno, y porque no tiene rasgos asiáticos. Es un joven agradable y muy atento.
Si
pedid una cerveza, tened en cuenta que sólo tienen tercios (Estrella Damm). Nos
da la carta (al principio creíamos que era la de vinos, porque la carpeta que
la contiene es de Marqués de Cáceres…jjj). Para la espera, pan de gambas,
cortesía de la casa.
Tienen
una carta correcta, un poquito de todo (carne, pescado, verduras). Por suerte o
por desgracia, esta es nuestra primera experiencia tailandesa, aunque en
Londres comimos en uno de los puestos callejeros de Camden,pero esa vez no la
contamos.
Decidimos
tener en cuenta los platos en los que se indica “recomendado” y elegimos unos ENTRANTES VARIADOS: Pastelillos de pescado, pinchitosde
pollo y de gambas y rollito de lechuga relleno de carne picada de cerdo,
acompañados de una salsa agridulce y otra de cacahuete. Aunque nos gustó, esperábamos
sabores más potentes, tanto los entrantes como las salsas eran suaves, pero
como hemos dicho, no tenemos ninguna referencia de cocina tailandesa.
Como
plato principal escogemos uno de cada rango, es decir, un
PHAT TAI DE GAMBAS: Tallarines de arroz de cacahuete y verduras, un
WOK DE TERNERA con verduras acompañado de una
salsa Prix-Picante y como siempre he
querido probar
el CURRY VERDE, nos pedimos uno con pollo. Todos los platos van acompañados de
arroz jazmín. El wok y el phat tai están bastante buenos, pero como ya dijimos
antes, sin sabores demasiado intensos. En cuanto al curry, que era el plato que
estábamos deseando probar, al meter la cuchara en el curry….,upsss!!!! Nos
llevamos una desagradable sorpresa y es que apareció un pelo. Con discreción, llamamos
al camarero y le pedimos que por favor nos cambiara el plato. La cara del
muchacho se puso de todos los colores y a partir de ahí, cada vez que lo
llamábamos para algo, se le caían lo sudores. Nos quedamos con todas las ganas
de probarlo, pero ya no nos arriesgamos a pedirlo otra vez y cambiamos a un
curry de pato, del que debemos decir que nos gustó bastante, posiblemente el
que más, quizás porque estaba más especiado y se acercaba más a nuestras
expectativas sobre este tipo de comida.
Y de
postre, pedimos rambután, una fruta típica de allí, parecida al lichi (China),
pero más grande, que iba acompañada de helado y una mousse de mango y menta. Los
dos platos estaban muy buenos, pero si os pedís los dos postres, os aconsejamos
comer antes la mousse, si no, no
apreciaréis tanto el sabor.
En
general, todo está bastante bueno, aunque como ya hemos comentado, esperábamos
encontrar sabores más fuertes, con más especias,…. Tendréis que recomendarnos
algún otro para comprobarlo o escribidnos vuestros propios comentarios al
respecto.
De
precio, unos 20-25 por persona, haciendo hincapié en el postre, que nos pareció
caro (6,00€), así que si os lo saltáis, es bastante asequible.
A
pesar del problema capilar, del que el camarero no paró de disculparse, no es un
mal lugar para ir de vez en cuando, pero eso sí, un día bueno.