Hace un par de domingos bajamos a
Granada (vivimos en un pueblecito a 7 kilómetros de la capital) con motivo de
la procesión de nuestra patrona, la Virgen de las Angustias que se celebra el
ultimo de domingo de septiembre. Nos dimos una vuelta por la ciudad y
decidimos comer allí para hacer hora y ver la procesión de la tarde.Estando por la Catedral nos acordamos de un restaurante de los de toda la vida, Restaurante Sevilla, y probamos suerte. Lo primero que te encuentras al entrar en la zona de tapeo, una amplia barra. Estaba a tope, por lo que pensamos que íbamos a tener una buena experiencia. Allí nos quedamos tomando un vinito mientras nos decidíamos a entrar al salón.
De
tapeo, bien, tiene una carta con raciones y todo tiene buena pinta. Toda la
zona está decorada con fotos de famosos que han pasado por allí, con lo cual
tienes un entretenimiento extra. Como es lo habitual en casi cualquier bar de
Granada, en domingo, la primera tapa es arroz, un poquito soso pero aceptable.
Viendo que se estaba a gusto en la barra, pedimos una mesa, para lo cual
tardamos un ratito porque los camareros pasaban un poco..., somos jóvenes y la
gente que entraba a comer eran bastante mayores con lo cual nos prestaban poca atención.
En fin, nos pasan al comedor y el ambiente cambio por completo. El "buen
jaleillo" de la barra se convirtió en mustio y húmedo, porque realmente
eso es lo que sentimos nada más sentarnos, humedad.
Las
sillas llenas de migas de pan de los anteriores comensales, los manteles con
agujeros y con marcas de antiguas manchas de vino, en resumen, todo muy poco
cuidado para ser un restaurante de tanto nombre en Granada, y del que teníamos
buenas referencias.
Pedimos
la carta (bastante cortita, por cierto) y de las 3 cosas que pedimos faltaban
dos con lo cual tuvimos que volver a decidir. Esto ya es algo que ya nos dice
mucho del sitio, al menos a nosotros.
Finalmente
logramos escoger de entre lo que tenían y pedimos para compartir unos
espárragos verdes a la plancha. Ya sabemos que no es nada del otro mundo pero
al menos esperábamos alguna presentación más apetitosa que simplemente los
espárragos a la plancha, literalmente. Y como plato principal, mi marido se
quedo con las ganas de rabo de toro, así que pidió un entrecotte de ternera,
bastante normalito y yo un solomillo de cerdo con dátiles (no sé donde estaban)
envuelto en hojaldre. En otras circunstancias hubiéramos terminado con un
postre, al menos para compartir, pero el ambiente era tan añejo y rancio que no
nos apetecía quedarnos más tiempo allí.
Resumiendo,
siendo lo que era, la comida no estaba mala pero esperábamos muchísimo más de
este restaurante. Salimos bastante decepcionados pero vamos a ser bueno y le
daremos una nueva oportunidad pero ya solo a la barra de tapas.
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